No importa si vienes del altiplano o del caribe. Del cono sur o de la
tierra caliente. Si dices che, pana, wey, parce o mano. Si comes arepa, tortilla, empanada o chipa.
Si bailas cumbia, salsa, cueca o merengue.

Hay algo que late igual en todos.

Una forma de recibir al otro. De mostrar el camino con la boca antes que con las manos. De exprimir limón sobre todo (TODO) y de sentarse a comer arroz aunque no haya más nada. De caminar con la bombilla como si fuera parte del cuerpo.

Cantar sin pena, sin vergüenza, con el alma, como si no existiera nadie más.

“Los caminos de la vidaaa no son como yo pensaba…”

“Aaaa Ay como me dueleee…”

Porque no hay tusa, no hay despecho, no hay alegría que un latino no sepa sentir hasta lo mas profundo de su ser. Siente con el corazón de una manera que pocos entienden y que nadie puede quitar.

Han dicho de todo. Los términos más despreciables, las etiquetas más reducidas porque es lo único que hablan, debe ser porque vende más. Sin contar nunca todo lo hermoso que es esa cultura, esa gente, esos paisajes. Todo lo que hay más allá del ruido que otros decidieron hacer.

Más de 500 millones de personas compartiendo una historia , un solo idioma, una biodiversidad que no se encuentra en ningún otro lugar del planeta. Unos ritmos que transcienden, y unos sabores que dan envidia.

Un solo pueblo.

Estando lejos, se siente más que nunca.

Cada uno carga su propia cultura, la que cambia de región en región, de acento en acento, de receta en receta. Pero fuera de casa, no hay más familia que dos latinos encontrándose. Compartiendo una birra, chela o pola, escuchando un rock argentino, un bolero cubano o un vallenato colombiano. El calor de una conversación que extrañaban sin saberlo.

La distancia enseña lo que se tenía en común.

La Catalina nació de eso. De la mirada de alguien que no es de aquí, pero que aprendió a querer esta cultura más de lo que esperaba. De la nostalgia ajena convertida en orgullo compartido. Del deseo de decir: esto es de ustedes, y es hermoso.

Y se merece un espacio que lo reconozca.

Bienvenido a La Catalina.
Aquí estás en casa
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